Uno, nacido del asfalto, quien con una energía inagotable pudo vencer la adversidad y con esfuerzo y sacrificio vio cómo la vida le recompensaba como "maitre" excepcional, un docente inigualable y discjockey de una emisora universitaria que cada sábado, vía internet, llenaba los corazones de sueños y buen gusto por la música, la gastronomía y los vinos, que a la par de sus hijas, son sus grandes amores.
El otro, apasionado por la ciencia criminal, excepcional estudiante, a veces tornándose fastidioso por encontrar la verdad de las cosas y era de esperarse, pues este afán de certezas es producto de la terquedad que sólo la curiosidad académica logra imprimirle a los genios, un tipo tímido pero aguerrido defensor de las causas justas, en fin, un amante más de la recta justicia que sigue reposando en los libros del deber ser y que ejerce dignamente como juez de la República.
Ambos viven un drama en común: la comedia del absurdo judicial que sin pruebas ni argumentos doblegan al más fuerte de los seres, pero como los rescilientes bambúes, no logran doblegar las almas de los justos por más intensa que sea la borrasca o por más grosera y ridícula que sea la niebla corrupta que ahora se cierne sobre la administración de justicia.
Uno, ha encontrado la libertad luego de aceptar los cargos que se le imputaron: No la libertad inocua que muchos pretenden tener pero de la que carecen por cuenta de la tecnología o los horarios absurdos de trabajo; la libertad del alma que sólo se logra con el descubrimiento de sí mismo a través del estudio y el trabajo que paradójicamente pueden ser posibles cuando los barrotes dejan de ser limitantes para tornarse edificantes.
El eterno soñador seguirá libando el placer de la filosofía a través de la lectura, la autoreflexión y la catarsis que sólo son equiparables al éxtasis que el más aromático de los vinos puede brindar.
El otro, luego de cinco días de zozobra encontró la libertad a pesar de la inquinosa mácula mediática que solo la verdad y la muy segura demanda contra las Instituciones intentará limpiar, a sabiendas que el buen nombre y la dignidad, como el papel arrugado, jamás será posible repararse.
Con todo, el Juez "en sus providencias" seguirá impartiendo justicia, disfrutando del amor de su familia y de la voz acaramelada de Ana Torroja con los sonidos diversos del grupo Mecano, mientras las actuaciones de las autoridades permiten llegar a la justicia y la verdad.
Mi cariño y solidaridad para estos amigos.
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