Hoy 9 de agosto de 2013, se
conoció en medios la renuncia del antioqueño Pedro Nel Ospina Santa María a la
presidencia de Colpensiones, la cual era de esperarse.
Una de sus motivaciones para
hacerse a un lado del más alto cargo de la Entidad -y uno de los más polémicos por
tener una remuneración más alta que la del Presidente de la República- es la
familia, y no lo culpo, pues el lastre de las más de doscientas cincuenta mil
tutelas y más de cien mil procesos judiciales heredados del Instituto de Seguros
Sociales y que ahora están contaminando a la Administradora Colombiana de
Pensiones –Colpensiones-, mancha cualquier gestión por bien intencionada que
sea, pero más que eso, pone en riesgo grave la salud y la vida personal y
familiar.
No valió el millonario
presupuesto que desde el 2007 puso en marcha la etapa preoperativa de Colpensiones -con no más de 10 personas- y que cuando llegó Ospina en el 2011, propició una
contratación de 90 personas a quienes se les dio la responsabilidad de preparar en menos de un año, la transición
con una Entidad decadente de más de 60 años con los resultados ya conocidos.
No valió una preparación impecable
en Economía y Finanzas que a fuerza de las tutelas mutó a Pedro Nel Ospina en
abogado, profesión que siempre repudió pues es un convencido de que los
abogados “complican todo y agrandan los problemas” y bueno, en honor a la
verdad es cierto.
No valió la apuesta por la
modernización de la Entidad administradora del régimen de prima media a imagen
y semejanza de los Bancos y Entidades Financieras que él mismo asesoró, a través de un BPM (Sistema gestor
de procesos de negocio) y el Cloud Work (trabajos en la nube) que le valieron
comentarios jocosos que referían a que el Presidente vivía en la nube.
No valieron las advertencias sobre la inminencia de un colapso si no se implementaba una
transición en la gestión judicial y administrativa de la Entidad a través de
los Decretos de Liquidación del ISS y puesta en funcionamiento de Colpensiones,
conocido el hecho de la alta litigiosidad y la paquidermia administrativa del
Seguro Social, pero pudo más la presión mediática, la de los poderosos del país,
la de los ignorantes con poder y la terquedad del propio Ospina para que aquel 1o de octubre de 2012 fuera evidente el caos en
el que se había metido.
Atacado por la opinión pública que
le tildan de improvisador, los organismos de control que le atribuyen el
desorden administrativo y la administración de justicia que -en contubernio con
los abogados- lo ahogó con sanciones de arresto, con Ospina se acaba una
historia en Colpensiones que aún espera que con el Auto 110 de 2013 se logre
minimizar el impacto de las tutelas del ISS y logre medianamente un orden que
permita otorgar, al menos, a los grupos vulnerables, los derechos pensionales
deprecados y estancados desde hace años en el ISS y que hoy al afectar la
gestión de Colpensiones, no ha podido garantizar.
Con la renuncia de Pedro Nel
Ospina, hoy varias cosas quedan claras: Mauricio Olivera, hasta hoy Viceministro
de Empleo y Pensiones, es el nuevo Presidente de Colpensiones a quien deseamos
buen viento y buena mar; y que de ahora en adelante Pedro Nel Ospina, ese
brillante, recursivo e innovador economista, odiará mucho más a los abogados y
jueces, pues por meses llevará en su espalda las investigaciones y procesos
judiciales que en aquel marzo de 2011 no estaban en sus cálculos.

