La historia de mi vasectomía la he contado como anécdota de vida, pero me he arriesgado a publicarla para desmitificar esa operación... puede ser peor de lo que la cuentan.
Animado por las noticias de que el entonces Senador Gustavo Petro y el otrora Ministro de Protección Social, Diego Palacio, optaron por anular sus ultraactivos flagelantes, y además, preocupado ante la proximidad del nacimiento de mi segundo hijo (cuya concepción fue en tiempo, claramente cercano al año y medio de edad de mi hija), tomé una decisión que marcaría mi vida para siempre: no volver a procrear.
Vengo de una familia tradicional que aún considera que cualquier atrevimiento humano al sino divino "multiplicaos", por más antiséptico que pareciera, era considerado pecado mortal. Por ello, no estaba en mis cuentas realizarme nada en los conductos deferentes, ni cualquier otro tratamiento de conductos, o en cualquier conducto corporal.
Sin embargo, reitero, luego de la felicidad que representa tener una hija, nos tomó con sorpresa, una nueva travesura del unicelular ganador de la diana uterina, que con el paso de los meses sería Nicolás.
La verdad, ya era suficiente carga la decisión de mi mujer de cerrar la fábrica del nicho negocial del "huggies", como para que como hombre no tomara una decisión de fondo ante ello, así que asumí que sólo serían dos mis únicos hijos, como dice la canción, "... la prolongación de mi existencia".
Una de mis dudas era, el destino de los espermatozoides que se producían pero que por la vasectomía no podían transitar al Exit del Open English. La médica consultada me informó que este material seguía produciéndose pero era asimilado por el cuerpo.
Después de consultas y exámenes a través del POS, que no es muy variado en opciones, una conocida ONG de salud sexual y reproductiva me acogió en su seno. En sus dos senos, por que desde que crucé la primera puerta me recibió una malhumorada vigilante que me indicó el camino sin salida del quirófano, que más parecía un vestier de almacén de Chapinero que una clínica.
Es cierto, para una intervención ambulatoria, era menester empelotarse, ponerse una bata de cirugía y tras de ello, afeitarse meticulosamente la zona púbica con las dificultades que representan las rugosidades del terreno a depurar y les doy un consejo: ¡Siempre será más sencillo rasurar un testículo relajado, en otras palabras, una güeva estresada no la afeita nadie!
La sala de espera para la intervención, incluye agua aromática, ibuprofeno y un televisor en RCN con novelas orientales. Esto es la venganza femenina en pleno. Eramos ocho hombres sin hablar, sin celulares, a merced de un escuadrón de féminas y viendo el drama de Iroko llorando por la infidelidad de Satzuke. Horrible sensación, cuando lo único japonés en tele que soportaba era Dragon Ball (el pionero del Tantra con su control del Ki).
El número 25 era yo y ya en la mesa de operaciones, fui atendido por la cirujana y dos enfermeras. Una de ellas me agarró la mano y me dijo "tranquilo Bobby, tranquilo", al mejor estilo del maestro Guerra, otra me agarró el miembro, adhiriendolo cuidadosamente a un lado de la zona de guerra, mientras la cirujana me decía: "voy a aplicar anestesia en la zona genital".
Sentir el pinchazo de una aguja hipodérmica atravesando a punta de anestesia el tejido escrotal con destino a los conductos espermáticos, no se compara con nada, y al carajo con los que dicen que el dolor es mental... es testicular.
Luego de eso, te empiezan a preguntar de tus hijos y otros temas, pero no recuerdas otra cosa sino el llanto de Iroko. Acto seguido la cirujana corta cinco milímetros de cuero escrotal y con una pinza empieza a extraer ambos conductos.
"... Señor, no aprete ni se tensione por que le duele más.... va a sentir una sensación de jaloneo pero nada más...."
"... !/"&@@@#....... (respuesta al "jaloneo" médico)....."
Es la primera vez que siento total armonía de cuerpo y alma... sentí que me extraían el nervio óptico por las bolas... lo digo, con la lágrima de Josemiel llamando a su madre. A la madre de Josemiel.
Tres minutos de intervención, un corte certero a dos conductos que parecían dos macarrones en salsa de tomate y un microporo para la herida, bastaron para culminar con la obra maestra (tengo una foto pero que no publico por respeto... a los macarrones).
Pedí que me mostraran los "macarrones" para control de la garantía del procedimiento, sin embargo, me advirtieron que al menos durante unos tres meses, las relaciones serían con preservativo, ello para evitar paso de inmigrantes "ilegales" a otra geografía.
Afuera, los siete machos pacientes te miran con mórbida compasión. Yo, apenas los miro con pesar.... ¡El ibuprofeno no tiene ningún efecto!
Hoy me convenzo de algo: la vasectomía más que la molestia genital del momento, es un acto de responsabilidad social y más que ello, un acto de amor con la pareja, con los hijos y conmigo mismo.
Ah, y si se sigue parando, eyaculas normalmente y lo más importante en la vida de un hombre.... no subes de peso.



